Cuando pasa mucho tiempo y no sabemos de alguien, o está criando malvas o está
demasiado bien como para dar una pequeña señal de vida... Eso ha sido de mí estas últimas semanas, estaba demasiado bien...

Mi último destino y placer turístico y gastronómico ha sido Sanlúcar de Barrameda, y eso no iba de champancín si no más bien de manzanilla, y lo que son las cosas... Tres días seguidos degustando el único vino que existe femenino (si saben de otro, por favor, no me dejen con la duda), y ni pizca de ardor de estómago, ni sospecha de embriaguez más que una justa alegría y ni asomo de resaca mañanera.
Tres días dedicados en cuerpo y alma a las carreras de caballos de la playa de Sanlúcar, con Grupo Barbadillo como anfitrión.
Visita a las bodegas, auténtico templo dedicado a los vinos de la zona, instalaciones impresionantes, (no en vano es habítual celebrar casamientos dentro de la bodega); y una cata para finos paladares amantes de los vinos del Marco de Jerez; además de la Manzanilla Solear, delicada y salina, tomamos mi favorito, su Palo cortado o 'palo cortao', Obispo Gascón, aterciopelado e intenso, perfecto para acompañar el lomo y el jamón de Sierra Sevilla (la empresa de ibéricos de Barbadillo) tal y como hicimos, y un Amontillado Reliquia, sereno, licoroso y de trago largo, aunque mi favorito, insisto, es el anterior. A mediodía, comida en Aponiente, con Angél León. He de decir que me sorprendió... Pensé que me ocurriría lo mismo que otras veces, tanto escribir de una persona o de un restaurante y tanto hablar de ello me suele decepcionar llegado el momento de probarlo realmente, como cuando oyes hablar mucho y demasiado bien de una película y luego se te queda ese vacío de "... y ahora qué". Pues no fue el caso, el sabor a mar profundo que desprende la cocina de León, las depuradas técnicas, y su honestidad con lo que le rodea no puede dejar indiferente y no puede decepcionar.... Pero a él le dejo para la mi próxima misiva.
Y por la tarde, el momento de las carreras de caballos. Desde el palco VIP de Barbadillo, escasa visibilidad, pero las televisiones instaladas en cada caseta nos dejaban pista de ellas. Y al final, pues eso era lo de menos, aquí a quien se jaleaba era a los vinos de Barbadillo (gran éxito para el blanco Castillo de San Diego de Barbadillo y para el rosado de Bodegas Pirineos, que los lugareños tomaban con hielo), la manzanilla, el picoteo y el cotilleo. Por los palcos se dejaban ver Antonio Jiménez, Carlos Herrera, etc... Cena y risas en las bodegas.
Último día, viaje en barco, desde Chipiona a Sanlúcar y de Sanlúcar a Chipiona. Broche de oro. Más de cinco horas navegando y chapoteando entre el Mediterráneo y el Atlántico con una cámara repletita de Solear y los vinos blanco Mesache y rosado de Bodegas Pirineos, con picoteo de tó... Quesito, curados, cazón, carne mechá, croquetas...
Viajes como estos dan sentido a la vida...
Gracias a Sofía, Nachete, Fori, Rosario... Son un lujo como equipo y como personas.